Pasadas las diez de la noche.


Pasadas las diez de la noche es cuando los cuentos de lobos y sapos por fin descansan y el sueño Olímpico de lxs niñxs hace rato que envuelve, con su aroma, la casa. Todo está en calma.

Para los que vivimos del arte de lo cotidiano; curro, familia, casa, amigos y ciertas noctambulidades, plasmar la canción en una cinta se convierte en el “más difícil todavía”, en el “cuento de nunca acabar” o empezar. He de decir que la maquinaria que mantiene en marcha esta cotidianeidad, para mi, es la composición, el run rún, el tole tole, el pegamento en las capas del día a día, pero aun así, el truco es de difícil ejecución. La narración puede ser larga.

Ocurre que, como en todos los cuentos, siempre hay personajes extraños, pero sin los que no habría historia, personajes donde muchos cabos sueltos encuentran su asidero haciendo las veces de héroes del agobio. Este caso que cuento es el de un tipo que deja una rendija abierta en la noche para que se realicen los que no sabemos qué hacer con los acordes más allá de tocarlos e imaginarlos con una big band, ni tenemos más tiempo que el que se nos pasa viendo crecer a los que vienen detrás y van para adelante. Este tipo abre su estudio pasadas las diez de la noche para que entres con todo tu equipo de palabras cantadas a darles sentido, musicalidad, arreglos y claro, eternidad.

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Se llama Rafa Caballero, el que tenga algo que ver con la música en mi pueblo habrá oído hablar de él, habrá bebido con él, o también es fácil que haya tocado junto a él. Muchos acordes convergen en él, y yo me siento un afortunado de empezar esta historia junto a Rafael.

Gracias a que la realidad se impone, es en las grietas que deja la noche donde, hoy por hoy, puedo moverme para llevar las canciones a puerto y es gracias a este tipo que puedo hacerlo. El sueño Olímpico se lo dejo a los que más lo necesitan y yo me desvelo con mi corona de laureles secos para grabar lo que quiero que sea un disco de “singles”, un poco a poco, que es lo más real que puedo hacer. Colarme por las rendijas del tiempo para que, por fin, se detenga cada vez que le des al Play. Es lo que nos pide el cuerpo a los cantantes, detener el tiempo en una grabación.

Y será de esta manera, subiendo una canción o dos al mes para la sonar en tus oídos por medio de la red, como daré forma a lo que vendrá siendo una segunda entrega de canciones. ¿Por qué así? porque es así como el cuento que me cuento, pasadas las diez de la noche, cuenta.

La primera canción ya está en el horno.