Intruso Bar, Madrid.

Cuando recibí el mensaje de Antonio Hurrah! diciéndome si quería tocar en el Intruso de Madrid, el domingo, a solo tres días, la imagen de mi salón era bastante grotesca. La guitarra rascándose el mástil con un picor que perecía bastante incómodo por no se que síndrome,  canciones por aquí y por allá ociosas, aburridas incluso alguna tenía ciertos ataques de violencia, mi perra puede dar fe de ello. “Si” pensé, “llevamos demasiado tiempo sin salir”

Mi novia no podía estar mas de acuerdo, “nos vamos todos y así vemos a la abuela”.

Carretera, chupete y una barriga que, en tres meses, nos traerá otra alegría. Esto si que es una banda.

Decidí esta vez no llevarme amplís, me daba yúyu pensar en meterme en pleno centro de Madrid a descargar y luego buscar aparcamiento y todo el copón. Profética decisión, el Divino Ferre, que aceptó la invitación de la abuela a venir a comer a casa con Pepa, se trajo dos chumbas que borraron de un plumazo toda querencia por el ruido, a una de ellas le llaman “cigar box” y es eso, una caja de puros con un mástil y tres cuerdas con un sonido a banjo que nos metió en pleno Almería en un momento. “Esta noche tocamos juntos Ferroviario”.

En pleno Fuencarral, pero escondido entre tiendas de moda. Imagino que le pusieron Intruso porque su acceso es por un portal normal y corriente. Una vez que pasas lo ves, un intruso en la vecindad.

Fue click here un concierto entre amigos y amigas, dos de las cuales no pudieron quedarse al show por la nueva normativa que no permite entrar a menores a lugares donde se venda alcohol aunque vaya acompañado por sus padres. Bajo multa millonaría. Por lo que Marisol y su hija, Lucía, que se habían marcado el viaje, se tuvieron que ir dejando la música en otra parte. Así es como solucionan los de la Botella el caso Madrid- Arena. Alguien les debe una disculpa a mis amigas.

Fue tranquilo el show. Ya digo, los amigos, excepto cuatro caras que no conocía. Una de estas caras, me entero a los pocos días, es de Carmen, una amiga de Alonso que tuvo el detalle de ir. Las últimas canciones las toqué con el Divino Ferre, el Perro romántico, el Dios de la carretera y algún rock & blues que hicieron, sobre todo, mis delicias por poder tener tan cerca al Ferroviario dejándose llevar por el swing.

Estiré una pizca la noche con Antonio y Fátima, pasamos por el Negativo, ya cerrado, para recoger unas cosas y apurar un chupito. Cuando me subí en el metro aun no sabía que me iba a quedar tirado en la estación Casa de Campo. No problema, bueno si, solo uno, la guitarra y su funda pesan como un perro muerto. Tirado en el Paseo de Extrema Dura reviví lejanos tiempos. “Pero bueno” pensé, “es bueno volver a Madrid y no sentirse un intruso.”