Estoy metido en un lio.

“Estoy metido en un lío y no se como voy a salir.”

Se que voy a salir, “siempre salimos” le digo a mi sombra que mira para otro lado. En medio del camino, bajo un cielo inmenso y tranquilo, las perras pasean y yo repaso el repertorio del espectáculo de “Aplauso o silencio” “¿Como se me ocurrió?” pienso, y sigo paseando por este paisaje tan llano de las afueras, tan desértico.

El silencio que intenta borrar el viento se parece al que sentí en la sala La Mirador la primera vez que hice este show. Tras la primera canción el descubrimiento del silencio mas hondo que jamás he vivido en un escenario, el de la cuarta pared callada. Donde siempre hubo un aplauso, ahora había un acantilado por el cual, el eco de la canción se removía en sus butacas. Aun así, en él, hubo un margen para respirar, para decir lo que había venido a cantar. Las canciones fueron ganando protagonismo, se explayaron, contaron sus porqués y de donde venían, sus manías, sus historias de amor, y la gente fue entrando en click here su juego y yo también, fui como el titiritero en la oscuridad, solo ponía las manos y la voz, ellas ponían el alma y el recorrido, no hacía falta mas.

“El que pasea descansa” que decía Machado. Sigo paseando junto a mi sombra que, incluso en días nublados como estos, me acompaña y pienso en lo que soporta el horizonte cada día. La gente ponemos nuestros anhelos sobre él y pretendemos ir a buscarlos, pero nos entretenemos haciendo otras cosas mientras él nos espera allí, con sus líneas difusas, con sus puestas de sol y sus amaneceres, con sus nidos de pájaros y sueños. Para el 1 de diciembre, la fecha del “concierto sin aplausos” quedan pocos días, pero antes tenemos varios shows por delante. Esto quiere decir que he de salir a su encuentro, ponerme guapo, afinar la guitarra y recordar la frase que le dijo el entrenador a Jake La Motta en “Toro Salvaje” -Sal ahí y hazlo, si ganas ganas, y si pierdes ganas.-

Llamo a las perras y vuelvo a casa tatareando la última canción que cierre el show.