Antigua sala Arco, tres fronteras, una máquina de tabaco y Caniche Macho.

Viernes noche de lluvia y viento, mi ciudad me despide de esta guisa y me presenta la carretera de la misma manera. Me pongo a Bebo Valdés para calmar los aires que menean los baladres de la mediana. Al tramo Albacete- Alcázar de San Juan podríamos llamarle el recorrido de las tres fronteras. En un momento aparece la señal de provincia de Cuenca para mas tarde estar de nuevo en la provincia de Albacete y acabar entrando en la de Ciudad Real, donde al fin de decide el destino. Pasa por el río ese que va y viene, el Guadiana. Alguna vez debí beber de sus aguas y por eso a veces me dan su nombre. Era de noche por lo que no vi si estaba o no. Maravilloso Bebo Valdés.

El bendito GPS del móvil, una vez en Alcázar me lleva por a un polígono industrial a la puerta de la sala donde me recibe Diego, el técnico e hijo de Olegario, el jefe. Nueva y vieja escuela, hijo y padre llevando una sala en la que nada mas entrar te ves tocando con una Big Band a lo bestia y no solo como mindolo como iba yo esta noche, vaya tela de sitio. La Vargas Blues Band había estado tocando hacía un par de semanas allí, claro, me lo podía imaginar.

La historia iba a ser meter gente esa noche. Paco, el mío en la máxima de donde vayas que de los tuyos haya, me comentó el día de antes que la cosa iba a estar complicada porque tocaba Dr. Sapo en un garito de al lado y lo mejor de todo es que también se organizaba una jam donde acudirían mogollón de músicos que son los que el controlaba. Total, ná.

“Olegario ¿a que hora podemos empezar como mucho?” “a las dos” dice (de la madrugada). Nada pues vamonos a buscar público” Y nos fuimos al concierto del muchacho éste, donde estaba Paco y su gente a la que convencimos de que cuando terminara se vinieran al mío. Así lo hicieron, mas click here alguna gente más a la que tuve que convencer, o eso me pedían, que les convenciera para que fueran. Yo que sé, “En una sala de un polígono industrial, a las dos de la mañana, un tío y su guitarra con un montón de sombras alrededor, ¿te sirve?” a un muchacho le sirvió a la primera y se plantó allí. A mi, personalmente, sólo me tienen que decir “concierto”.

Quitamos la entrada para que pasaran los quince a los que conseguí arrastrar, mas la máquina de tabaco que se plantó en una esquina. Contando con un par de parejillas (una de ellas fue de motu propio, me dijeron cuando me los encontré en el MOMA) fueron los únicos con los que conecté. Mientras cantaba el perro romántico un tipo, borracho, gritaba al único viento que pasaba por allí el paquito el chocolatero o algo así. No fue mi noche, la máquina de tabaco, al terminar me ofreció un cigarrillo que rechacé deprimido, “joder con el NO FUMO, GRACIAS” dijo. Nos caímos bien por lo que la invité a una copa en los camerinos con Olegario, Paco y Miguel el Panderetas, otro descubrimiento. Acabé aceptando un cigarrillo.

Lo mejor de la noche estaba por llegar, el rato que pasé con. Paco. Me sacó de allí, me consiguió el Hostal, y me llevo al único garito que quedaba abierto, el MOMA. A la segunda cerveza nos fuimos su coche a escuchar la maqueta de su nuevo proyecto CANICHE MACHO ¡CANICHE MACHO! Con dos cojones. Un flipe de música y un flipe de composiciones. Sólo es una maqueta, para el disco ha participado el Niño Bruno a la batería por lo que la cosa puede ser fina fina. Un gusto para el fin de la  madrugada.

Al día siguiente volví a cruzar las tres fronteras, pasé de nuevo por el Guadiana y vi que no estaba. Son tiempos para desaparecer, o para desbordarse, de cualquier manera le mande un saludo. Llegué a Albacete a la hora de comer con mi persona favorita.