El reflejo en las gafas de sol.

“Las gafas de sol reflejarán las calles donde me dejaré la canción. Si no cambiara el prisma, sería un turista mas, pero el rockerito cuando se va de su pueblo lo que quiere es que, allá donde vaya, sea la ciudad quien le vea a el. El reflejo en las gafas de sol, si.”

Encontré esto el otro día en algún rincón de mi desorden, una fantasmada de rockestar, el reflejo en las gafas, ñac…mucho cine. Pero me he acordado de lo que quería contar si. Esto de que la ciudad te vea a ti. La irreflexión surgió en un viaje a Zaragoza, tocaba allí en un ciclo que montó “Mi rollo es el indie”, en el que Mar Barbados me había programado, cosa que acepté encantado pues nunca había estado en Zaragoza.

Nunca había estado en Zaragoza y aquí está la cosa, la primera vez que iba a ir la ciudad que está mas allá de Teruel si vas desde Albacete, era para dar un bolo…ah. “Aquí cambia el plan señor guía” ¿de verdad quiero conocer Zaragoza? ¿o lo que quiero es que Zaragoza me conozca a mi?” “Come on”, estaba claro…unas vez pasado Cuenca, pasado Teruel, solo en el coche, entre pestañeos, lo veía. Veía mi jeta en todas las avenidas, en las paradas de autobús, en los garitos, en todos los formatos, cuñas en la radio…ahí, petándolo.

En este universo paralelo a las líneas de la carretera veía como se  difuminaba el nombre en los carteles de Bruce Springteen por el mío, la Romareda ante mi y mi banda, gargantas coreando cada estrofa, sudando, gente que le contará a sus hijos que estuvo allí. Y después al hotel, donde la peña tendría sus estariveles montados para dormir a unos metros de mi pijama. Al día siguiente saldríamos con todo el circo a otra ciudad, a París, Roma u Oklahoma y si te he visto, Sara, no click here me acuerdo, flipante. “Que bien me queda la chupa de cuero, tú”.

Recuerdo bien ese bolo porque hacía un frío de cojones en el garito “El contenedor Creativo” se llamaba. Aunque este recuerdo desmerece el buen trato que tuve desde el primer momento por la gente allí, ellos ponían el calor y el sitio era perfecto para el show. Mar movió el asunto y además hizo de gran anfitriona, (su pasión por la música no la puede esconder). Llevó gente que escuchó y acogió al cantante con su saber escuchar…sino llega a ser por el frío hubiéramos conectado de verdad. Creo que aguantaron por educación, que no es poco en estos días.

El caso es que al terminar la nota final, el garito no era la Romareda y para la tranquilidad de mi peinado no tuve que salir escoltado hacía ninguna limusina. Sin quitarnos la bufanda ni los abrigos, salimos.

A la luz de las farolas las calles se fueron abriendo. Con Mar, Lourdes y  mi amigo Puli por compañeras, llegamos conversando hasta la Plaza del Pilar y entonces… ay amigo, fue cuando vi que era ella, la ciudad, la que llevaba las gafas de sol y era yo quien se reflejaba en sus negros cristales, ella era la estrella y yo el participante de su show. Me dejó cantar y me daría de beber, en realidad fue ella quien hizo las presentaciones, “aquí tú, aquí la gente y sus callejuelas”.

Si, fue ella quien me mostrara sus juegos de sombras y quien planteara alguna adivinanza. Me dejó ser uno mas entre sus venas…como a muchos de Albacete esa noche, pues el su equipo jugaba allí ese día. Perdió.

Tras dormir unas horas en casa de Puli (que mejor cinco estrellas que la hospitalidad de un amigo) regresé caminito de Teruel y, esta vez si, puede ver mi cara reflejada en el espejo de la entrada de mi casa, donde mis auténticos rockstars me esperaban.